N° 1

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Publicación: Abril 2014

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¿Porque y para quien es “Regresión”?

Regresión es una publicación con contenido crítico hacia los valores y bases materiales del sistema tecnoindustrial. Primeramente difundimos este tipo de ideas (por medio de internet y de mano en mano), no para que otros adopten la misma postura que nosotros, no esperando a tener “simpatizantes”, ni para que acepten nuestro discurso aquellos que se dicen “radicales y revolucionarios”, publicamos estos textos porque tenemos algo que decir, porque dentro de tanta hipocresía, mentiras, e idealizaciones, urge gritar la Verdad.

Es de vital importancia recalcar que, aunque estos textos estén al alcance de todos, no son aptos para toda la sociedad en general, esto es un aporte desde nuestra individualidad a las pocas personas que se atreven a pensar más allá de la típica critica “revolucionaria y radical”, para los que han comprendido que la raíz más profunda de todos los males es el sistema tecnoindustrial y la civilización que lo perfecciona, es para aquellas personas que dejaron atrás las utopías de las viejas ideologías de antaño y asumen su papel como individuos dentro de esta compleja realidad, es para aquellos individuos que se cansaron de hablar, de leer y de ser “espectadores críticos”, para aquellos que la teoría es solo una parte de la base de sus actos contra el sistema; y, más que nada, el contenido de estos “cuadernos” son para esas pocas personas que están ya familiarizadas con este discurso y práctica, y para los que apenas la van conociendo, esperamos ser explícitos en lo que se plasmará.

¿Por qué regresión?

La palabra regresión puede significar muchas cosas en varias disciplinas o ciencias, pero nosotros la hemos usado como antónimo de progreso, ¿qué progreso?, del progreso tecnoindustrial, civilizado y artificial. Para nosotros es muy importante voltear a ver cómo es

que vivía, se desarrollaba y moría el ser humano desde sus inicios como especie, porque solo así, se puede vislumbrar nuestro presente real y llegar a la conclusión de que el ser humano moderno está cada día dejando de ser lo que era, humano, convirtiéndose en un simple instrumento del sistema. La tecnología y su avance sin freno alguno, (así como lo han dicho algunos críticos de la civilización), están generando complicaciones serias en el entorno y en el ser humano, tanto física como psicológicamente, y que las consecuencias de que esto siga por la misma senda, nos llevará a una catástrofe de inimaginables conclusiones.

Algunos proponen una “revolución” o la “construcción de un movimiento” que contribuya al “derrumbe” del sistema tecnoindustrial, en específico nos referimos a aquellos que siguen al pie de la letra las palabras de Theodore J. Kaczynski. En cierta parte, es comprensible que se planteen, propuestas varias para resolver el problema central, pero nuestra postura no ve viable la formación de un “movimiento que ayude al derrocamiento del sistema a nivel mundial”, y por consecuente desconocemos el término “revolución”. Pues tanto la estratégica como el termino, es en demasía fantasioso, está falto de realismo y es por eso que lo rechazamos.

Desde hace ya varias lunas, hemos dejado de soñar con un “mundo mejor”, tanto política como “primitivisticamente” correcto, ahora solo vemos nuestro presente, el presente pesimista al que nos han condenado, y aunque lo asumimos, no nos rendimos frente a el:

-El sistema siempre va en la misma dirección, el progreso no se detiene ante nada ni nadie.

-La naturaleza salvaje será en mayor medida, año tras año, exterminada o sojuzgada, hagamos lo que hagamos contra el sistema, así que tratar de “liberarla”, en esta época moderna es algo que cabe solo en las cabezas más ilusas y en las mentes adolecentes con miras a la crítica del sistema.

-Quizás dentro de 30 o 40 años (viendo la situación actual), la naturaleza salvaje que queda será reducida a meros espacios recreativos y turísticos. La regularán organismos “ecologistas” y “conservacionistas” dirigidos, por grandes organizaciones “verdes” que les conviene, que esos espacios queden preservados para fines lucrativos y científicos, en Europa esto ya ha pasado, en México está en proceso.

-La conducta del ser humano está siendo ya domesticada a un grado deplorable e indignante, que solo los más fuertes e inteligentes, pueden tratar de no caer en los juegos del sistema, resistiéndose y aferrándose a su naturaleza.

-El sistema completo (o gran parte de este), no caerá por un “movimiento” que acelere un proceso “revolucionario”, la única fuerza que puede poner de cabeza a este complejo sistema es la naturaleza salvaje o su misma tecnología compleja.

-No confiamos, ni esperamos un “movimiento”, la “gran crisis”, o la “revolución”, no esperamos nada a cambio, lo presente es lo que hay.

No tenemos certeza de que los “revolucionarios” aceleren la “destrucción del sistema”, y francamente, pensamos que si algún día se levanta un “movimiento” que tenga en su mira la destrucción de este, será aplastado de inmediato. ¿Les convendrá a los empresarios nucleares, a las madereras multinacionales, a la industria farmacéutica, automotriz, aeronáutica, minera, petrolera, a la iniciativa privada que impulsa la ciencia y la tecnología, y a todos aquellos que se atascan de la destrucción y modificación de la naturaleza, que exista un movimiento, o que incluso, alcance grandes proporciones, para que destruyan el imperio tecnoindustrial que han forjado durante décadas? No lo permitirán, a menos que algunos de ellos, quieran sacarle jugo o alguna ganancia, a la situación después de la supuesta “destrucción” del sistema.

La realidad es pesimista para aquellos (nosotros), que se centran en criticar y en querer que el sistema tecnonidustrial caiga algún día, de eso nos hemos dado cuenta, aceptamos las condiciones que se desenvuelven frente a nosotros, asumimos nuestras contradicciones pero sin caer en ellas, ni rendirnos a aceptar lo que nos imponen.

Por años, dentro de los movimientos y círculos intelectuales y prácticos de cualquier ideología, se ha propuesto algo, una solución, frente a los problemas que les han tocado enfrentar a aquellos movimientos.

Por ejemplo:

-Lo que nos cuentan de la historia de México, después de la llegada de los españoles y la muerte del gobernante de la gran Tenochtitlan, Moctezuma (1520), un guerrero mexica llamado Cuitláhuac, encabezó una guerra contra la invasión, este personaje junto con sus hombres, tenían como finalidad la victoria ante los europeos, y el resurgimiento de aquella gran civilización mesoamericana. Cuitláhuac murió de viruela, sin conseguir nada.

-En el movimiento de independencia, el cura Miguel Hidalgo encabezó las revueltas contra la corona española (1810), él junto con sus hombres, querían ser autónomos a los criollos, querían una forma de gobierno que no fuera impuesta por los occidentales, querían gobernantes mestizos, etc., después de una guerra cruenta, al cura lo fusilaron y le cortaron la cabeza, ¿consiguieron independencia?, quizás deberíamos preguntarle a los españoles que son dueños de una parte importante, de lo que es ahora el territorio mexicano.

-En 1910, tuvo lugar la “revolución mexicana”, Emiliano Zapata, fue uno de los líderes más representativos, quien organizó una lucha armada contra la dictadura de Porfirio Díaz y los gobernantes que le siguieron, él y sus guerrilleros querían una nueva constitución, que el gobierno les diera tierras a los campesinos y les diera buenos servicios públicos, (luz, agua, drenaje, educación, etc.), querían democracia y no dictadura. A Zapata lo mataron a traición, lo emboscaron a balazos, ¿consiguió su cometido? Quizás deberíamos preguntarles a los habitantes de la zona donde combatió Zapata, el sur mexicano, es una de las zonas más pobres y miserables del país, hoy en 2014.

-En 1968 el movimiento estudiantil fue uno de los acontecimientos que marcaron la historia en México, en plena efervescencia comunista, estas ideas empezaron a ser la punta del iceberg, después de la matanza del 2 de octubre de ese año, varios grupos guerrilleros se empezaron a formar y comenzaron una guerra a muerte contra el régimen del “Partido Revolucionario Institucional” (PRI), (partido surgido de la “revolución” mexicana). Uno de esos grupos fue la “Liga Comunista 23 de Septiembre” (1973), y como su nombre lo indica, su finalidad era la implantación del socialismo en México. Su líder, Ignacio Salas Obregón, lideraba secuestros, robos a mano armada, recuperación de armas, fugas de cárceles, levantamientos armados en el campo y en la ciudad, atentados contra políticos y empresarios, ejecuciones a policías, etc.

A Obregón lo desaparecieron cuando su grupo estaba bastante lastimado por los golpes que el gobierno, las brigadas blancas (paramilitares), e infiltrados, le habían dado.

Y el socialismo nunca llegó a México.

-En 1994, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZNL), liderado, públicamente, por su vocero el sub comandante Marcos, tomó varias cabeceras municipales en respuesta a los tratados de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, así como a malos tratos de los gobiernos en turno hacia los indígenas y gente pobre de Chiapas. La finalidad inicial del EZLN era “ir a la capital derrotando al ejército mexicano”. El ejército zapatista declararó la guerra al gobierno y recibieron respuesta. Después de unos días de balaceras, helicópteros caídos, muertos, secuestrados y torturados, se pidió tregua, el gobierno ofreció una reforma y otorgó derechos a los pueblos indígenas, así como autonomía a los “espacios liberados” por los neozapatistas. El objetivo inicial del EZLN de derrocar al gobierno, no funcionó, siguen en sus comunidades, su “revolución” fue solo local.

-En el año 2006, hubo varios levantamientos populares (Mineros en huelga de Michoacán, Campesinos de Atenco, etc.), que tenían como finalidad, incrementar la crisis política y acelerar la caída del gobierno, casualmente después de una campaña política emprendida por al EZLN por todo el país. El movimiento magisterial en Oaxaca fue un ejemplo claro. De un desalojo frustrado por parte de la policía estatal y municipal, los maestros consiguieron atraer a las masas y crear un movimiento popular (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca/APPO), dispuesto a derrocar al gobierno de Ulises Ruiz, después de meses de enfrentamientos callejeros y armados, muertos (de ambos bandos) y desaparecidos, la policía federal desalojó por la fuerza a los inconformes de todos sus bastiones y todo volvió a la aparente normalidad, de hecho, al final del conflicto el presidente Ruiz seguía al mando y algunos de los líderes de la APPO, se sumaron a partidos políticos de izquierda. ¿Consiguieron su finalidad de un gobierno popular? Claro que no.

-En el periodo presidencial de Felipe Calderón (2006-2012), se implementó la guerra contra los carteles del narcotráfico, la cual dejó más de 60,000 muertos, (sin contar a los no registrados en fosas clandestinas). El poder de los capos, es tan influyente que ha logrado comprar a presidentes municipales y estatales, a políticos, a la policía, incluso al ejército. Situación que dejó en completo abandono a la población. Fue así como surgieron los actuales grupos de autodefensa, principalmente en Michoacán, grupos de civiles armados en defensa de sus pueblos contra los sicarios, extorsionadores, e informantes de narcotraficantes.

La finalidad de estos grupos es, que regrese la normalidad en sus comunidades, aunque contradictoriamente Michoacán hace poco era considerado, como uno de los estados más violentos tanto en México, como en América.

Lo que une a todos estos casos históricos, y lo que queremos dar a entender citándolos, es que desde hace mucho, los movimientos e ideologías aspiraban o aspiran a “algo más”, tienen finalidades concretas, muchas de ellas son tan “complejas” que se vuelven ilusorias e imposibles de conseguir, viéndolo desde una visión más real, alejándonos de posibilidades y del “quizás”.

Junto con estos hechos históricos, está el planteamiento de la “revolución contra el sistema tecnoindustrial”, propuesto con mayor tesón, durante casi veinte años por el señor Theodore, desde la publicación de su artículo: “La sociedad industrial y su futuro”, en 1995.

“Revolución”, en la cual (repetimos) nosotros no confiamos, ni pensamos que se vaya a realizar algún día próximo, ni en 100 años adelante.

La situación con este sistema es incontenible, y luchar contra él intentando derrumbarlo, es la misma ilusión autoengañante que han seguido los “revolucionarios” izquierdistas actuales y de antaño, es por eso que nosotros no proponemos su derrumbe total, no proponemos ganar la batalla, no aspiramos a ser aquellos que “liberarán” del yugo tecnológico a la tierra para que la sepultada naturaleza salvaje, vuelva a brotar de entre su sarcófago de concreto. Nosotros proponemos la crítica llevada a la práctica, el ataque individual, sin ninguna recompensa, sin ningún fruto, sin ninguna esperanza de ganar o de perder. El ataque desinteresado, guiado por la razón y el sentir que nos caracteriza a los seres humanos, quienes nos resistimos a formar parte de todo esto, que negamos con todas nuestras fuerzas la artificialidad de nuestros cuerpos y entorno.

Regresión no es una “revistilla” con contenido crítico dirigida a lo inmóviles, no es la típica revista de artículos inertes, es para aquellos lobos solitarios o clanes de afines entre sí, que se sacuden el miedo y se deciden a quemar maquinarias, a poner bombas en instituciones que atentan contra la naturaleza, para aquellos que deciden planear la muerte de algún investigador bajo las sombras…

En México desde el año 2011, han salido a la luz pública algunos grupos que coinciden con lo que nosotros pensamos y hacemos, están las “Individualidades tendiendo a lo salvaje” (ITS), las “Células terroristas por el ataque directo –Fracción anticivilizadora” (CTAD-FA), el grupo “N.S. –Fera–Kamala y Amala” (NS-F-KA) y ahora, el “Circulo de Ataque –Punta de obsidiana” (CA-PO), todos estos grupos han llevado, una crítica en movimiento en contra de la tecnología y a la civilización, no esperando nada a cambio, solo por el simple hecho de atacar y devolver los golpes a la mega-máquina. Es por eso que, una de las finalidades centrales de la publicación de esta revista, es el surgimiento de nuevos grupos que ataquen las bases materiales del sistema tecnoindustrial y a aquellos que lo sustentan, lo protegen y lo mejoran. La guerra terrorista a muerte, contra este sistema se gesta desde el 2011 con este tipo de grupos, nosotros queremos darle continuidad, alentando a atentar, quemar, ejecutar y regresarles a quien se lo merezca, las ofensas que le han hecho a la naturaleza salvaje por años.

Sigamos los pasos de guerra, de nuestros fieros antepasados cazadores.

Que la sociedad y la civilización tiemblen al detonar de la dinamita.

Si la tecnología no se detiene, esta guerra tampoco.

Si le tecnología sigue avanzando, los grupos terroristas también lo harán.

Editores de Regresión.

Abril 2014


El chilcuague, los chichimecas y el cinvestav

Chilcuague

Es una de planta autóctona, llamada también “raíz azteca”, “pelitre” o “raíz de oro”, la cual es un antibiótico natural para infecciones del aparato digestivo y respiratorio, la raíz ayuda generalmente en casos de encías inflamadas, muelas picadas, dolor de dientes, llagas en la lengua, encías y paladar, su extracto sirve para curar y tratar heridas externas; sus hojas son usadas en los pueblos de la región del bajío de México, para la elaboración de salsas picantes y bebidas alcohólicas. También es usado como repelente de insectos.

Chichimecas

Los pueblos cazadores recolectores nómadas y seminómadas originarios de lo que se conoce ahora como México, (específicamente en la zona centro y norte), tenían un conocimiento total de los entornos por donde deambulaban (obviamente, como todos los clanes originarios de cualquier parte del mundo), sabían muy bien los beneficios y las dosis de las plantas medicinales que ellos empleaban.

Una de estas pantas era el chilcuague, los cazadores recolectores como los guachichiles, los zacatecos y los guamares (mejor llamados chichimecas), (los tres pueblos que se caracterizaron por su fiera defensa y resistencia ante la invasión española), primeramente la utilizaron para cazar su alimento, pero cuando llegaron los españoles, la emplearon para la guerra.

Los aborígenes hacían un concentrado de la raíz, y empapaban las puntas de obsidiana, hueso o madera de sus flechas, cuando un español caía herido por esas armas, se paralizaban sus músculos sin poderse mover, así, quedaba totalmente vulnerable a lo que los salvajes pudieran hacer con ellos, (llama la atención que los chichimecas no solo atacaban a los españoles, sino a todo aquel que se encontrara con ellos, a acompañantes y esclavos por igual, (negros, mulatos, mestizos, doncellas, indígena, etc.), todos eran muertos en las emboscadas en desiertos y bosques indiscriminadamente, pues todos aquellos representaban para los chichimecas, unos invasores, personas ajenas, y más que nada, representaban una amenaza para su tribu y su modo de vida libre en la naturaleza salvaje.

Se dice que cuando tenían a un invasor caído (pero vivo) por el concentrado de la raíz, les sacaban los tendones de la espalda y con esos ataban las puntas de sus flechas, atlatl y hachas, o hacían cordones para sus arcos.

Los chichimecas también usaban la raíz para escapar cuando eran capturados, pues entre sus prendas (aunque muchos andaban desnudos), o entre su larga cabellera, escondían un pedazo de la raíz. Se dice que cuando eran capturados y llevados a los calabozos, masticaban un pedazo grande de la raíz y lo tragaban, a los pocos minutos, se presentaba sudoración y salivación, lagrimeo y orina excesiva, por lo que los españoles preferían abandonarlos fuera de la ciudad por el temor del contagio de algún “virus” o “extraña enfermedad”. Después de un rato, los síntomas desaparecían (esto debido a que el chilcuague tragado es altamente depurativo, y era por eso que el cuerpo comenzaba a arrojar tantos líquidos), y el salvaje, por su gran sabiduría y alto grado de conocimiento y practica en su entorno, lograba escapar de ser fusilado o tomado como esclavo.

Cinvestav

El Centro de investigación y de estudios avanzados (Cinvestav), dependiente del Instituto Politécnico  Nacional (IPN), es una de las instituciones con mayor peso en lo que respecta a la biotecnología, química, genómica, etc., a nivel nacional.

El Cinvestav ha alterado y modificado genéticamente, un importante número de plantas silvestres autóctonas y foráneas, una de esas plantas nativas ha sido el chilcuague, la raíz de nuestros ancestros, por la que muchos salvajes se salvaron de la muerte para seguir con la guerra en contra de la civilización, pues se podría decir, firmemente, que tanto la Guerra del Mixton (1540-1541), la Guerra Chichimeca (1550-1600), y la Rebelión de los Guamares (1563-1568), fueron auténticas guerras contra la civilización, el progreso y la tecnología. Los salvajes chichimecas no querían un nuevo gobierno o uno más bueno, no querían ni defendían ciudades o asentamientos de las civilizaciones mesoamericanas derrocadas, no buscaban la victoria, buscaban atacar a aquellos que los atacaban y amenazaban, buscaban la confrontación, de ahí su grito de guerra: “Axkan kema, tehuatl, nehuatl!” (¡Hasta tu muerte, o la mía!).

Ambiciosos investigadores como Abraham García Chávez, Enrique Ramírez Chávez y Jorge Molina Torres, del Laboratorio de Biotecnología y Bioquímica del Cinvestav-Irapuato, son solo algunos de los responsables de haber convertido a la raíz milenaria del chilcuague, en una simple anestesia comercial para los médicos dentistas.

La naturaleza salvaje de la raíz la han pervertido, y convertido en un producto mezclado con aditivos químicos para la perpetuación de la civilización. Los científicos con su tecnología, le han faltado al respeto hasta aquello que se encuentra debajo de la tierra, y bajo justificaciones humanitarias y altruistas, encubren la verdadera realidad de la domesticación de lo salvaje, bajo el yugo de la artificialidad tecnoindustrial.

Por esa razón y muchas más, el Cinvestav como otras instituciones ligadas a ellos, han sido blanco de células extremistas en México desde el año 2011:

-Principios de Abril de 2011: Un artefacto explosivo es detonado en la fachada del Instituto Nacional de Ecología (INE), en DF. El INE es una institución federal encargada de dar “autorización ambiental” a centros como el Cinvestav para la experimentación e investigación de la tierra y su flora, (en lo que respecta a la biotecnología). Las “Células Terroristas por el Ataque Directo –Fracción Anticivilizadora”, reivindicaron el acto el 5 de septiembre de 2011 en un extenso comunicado, haciéndose notar como un grupo que había estado operando meses atrás pero sin emitir ninguna reivindicación, y que a raíz de los ataques de ITS, decidieron sacar a la luz.

-27 de febrero de 2011: El “Frente de Liberación de la Tierra”, reivindicó por medio de un comunicado subido a blogs anarquistas, el ataque al centro de experimentación del Inifap (Instituto Nacional de Investigación Forestal, Agraria y Pecuaria), los individuos pusieron artefactos incendiarios en almacenes, invernaderos y entrada de uno de los edificios, también realizaron varias pintas reivindicatorias y amenazantes para los científicos que laboran en ese lugar.

Desde 2005, el Inifap ha contribuido junto con el Cinvestav en la experimentación e investigación científica sobre los organismos genéticamente modificados, en especial con el maíz.

-9 de Agosto de 2011: Unas horas después de que el grupo “Individualidades tendiendo a lo salvaje” (ITS), publicara su responsabilidad del atentado en el Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, en el cual resultaron heridos graves los tecnólogos, Alejandro Aceves López y Armando Herrera Corral, las alertas se encendieron en el Cinvestav del Distrito Federal, pues el hermano de Armando Herrera, el físico mundialmente reconocido, Gerardo Herrera, se asustó al ver un paquete sospechosos en su oficina, y llamó a la policía especializada en desactivación de explosivos. Al final, el paquete resultó ser un envoltorio de libros, visiblemente el terror se apoderaba de los investigadores.

-28 de Agosto de 2011: La policía militar fue alertada de un paquete sospechoso dentro de las instalaciones del Cinvestav  de Irapuato (Guanajuato), en las cámaras de vigilancia se aprecia un hombre vestido de negro que logró burlar la seguridad y penetró la instalación. Los militares retiraron el paquete y redoblaron la vigilancia, mientras se implementa un operativo en la zona, que incluyó el vuelo de un helicóptero y retenes en la carretera hacia Querétaro. El grupo ITS, reivindicó en su sexto comunicado, (28 de enero de 2012), el atentado frustrado, junto con otros ataques.

-8 de Noviembre de 2011: El notable investigador en biotecnología de la UNAM campus Cuernavaca, en Morelos, Ernesto Méndez Salinas, recibe un impacto de bala en la cabeza, mientras manejaba su camioneta en una de las principales avenidas de la ciudad. Según la prensa y los reportes policiacos, dos hombres en una motocicleta lo alcanzaron y le dispararon, matándolo al instante. El grupo ITS, reivindicó más tarde el ataque.

El Instituto de Biotecnología de la UNAM donde laboraba Méndez, junto con el Cinvestav del IPN, son las principales vertientes de la biotecnología en México, y las cuales colaboran constantemente en la investigación y propagación de este mal tecnológico.

-20 de Agosto de 2012: La “Fracción Anti-civilización del Frente de Liberación de la Tierra” (FA-FLT), se responsabiliza del ataque con artefacto explosivo frente a las instalaciones del Consejo Mexiquense de Ciencia y Tecnología (Comecyt), en Toluca, Estado de México, el cual dejó daños en el edificio. El Comecyt, es otra institución estrechamente ligada al Cinvestav. Uno de los más grandes proyectos conjuntos, es el de “Abacus”, un espacio de investigación que cuenta con una súper-computadora, con la cual piensan realizar mediante la matemática aplicada el desarrollo de nuevos medicamentos y nuevos procedimientos quirúrgicos, la secuenciación genómica, a los estudios de contaminación por gases, a los modelos de análisis del subsuelo, movimientos telúricos, extracción petrolera, finanzas, mercados económicos, industria aeronáutica y automotriz, nanotecnología y problemas del transporte. El centro “Abacus”, se encuentra en medio del bosque del municipio de Ocoyoacac, en el Estado de México.

-4 de Septiembre de 2012: La FA-FLT, se atribuye la quema de una camioneta del Cimmyt (Centro investigación en el mejoramiento de maíz y trigo) en el municipio de Toluca, Estado de México.

El Cimmyt, igual que el Cinvestav se centra en la biotecnología e ingeniería genética avanzada, también tienen una estrecha relación.

-Septiembre de 2012: En un artículo publicado en la revista científica “Nature”, la investigadora en biotecnología del Cinvestav, Beatriz Xoconostle Cázares, denunció que su laboratorio había sido incendiado y que un mes más tarde otro laboratorio de un amigo suyo, había sufrido los mismos daños. Actos que no fueron publicados por la prensa, ni reivindicados por algún grupo en específico.

-11 de Febrero 2013: Un paquete bomba llega por mensajería, hasta las manos del investigador en nanotecnología Sergio Andrés Águila, en el Instituto de Biotecnología de la UNAM en Cuernavaca, Morelos. El paquete no funciona, y el investigador sale ileso, la policía militar entra al instituto y desaloja a cientos. El grupo ITS, reivindica el acto, junto con el asesinato del biotecnólogo Salinas de 2011. El investigador, huyó de Morelos a la ciudad de Ensenada, en Baja California en donde ahora, se emplea de tiempo completo en el Centro de Nanociencias y Nanotecnología de la UNAM.

-16 de Junio de 2013: La FA-FLT, reivindica una segunda detonación de artefacto explosivo en las instalaciones del Comecyt, en Toluca, Estado de México.

-18 de Febrero 2014: El grupo ITS reivindica en su octavo comunicado (junto con otros ataques), un paquete bomba enviado en septiembre de 2012, dirigido a los neurólogos del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) en DF. El ITAM y en específico, su área de Comportamiento Adaptivo Neuronal, Neurociencias y Simulaciones (Cannes), es uno de los laboratorios que tiene estrechas relaciones con el Cinvestav, en lo que respecta a proyectos en robótica, neurociencia y computación avanzada.

-14 de Abril 2014: El grupo “Círculo de Ataque-Punta de obsidiana”, reivindica un paquete bomba dirigido al rector de la UNAM, José Narro Robles. El rector es quien se encarga de organizar y darle seguimiento a los proyectos científicos y tecnológicos, con distintas instituciones y universidades, entre las que destaca el Cinvestav.

Todos estos ataques están plenamente justificados, aquellos científicos y líderes académicos, junto con sus laboratorios, instituciones y universidades, se merecen ser dañados de alguna u otra forma. La naturaleza salvaje animal y humana no será totalmente domesticada, mientras sigan existiendo individuos, como estos, que decidan oponerse con todo, al sistema tecnoindustrial.

Esta es una historia que seguirá, es una guerra que continua año tras año, y que acabará: “hasta TU muerte, o la MIA!”

Fuego al Cinvestav!

Fuego a la tecnología compleja!

Muerte los que sustentan el progreso!

 

Direcciones:

Cinvestav-Zacatenco (DF)

Av. Instituto Politécnico Nacional No. 2508, Colonia San Pedro Zacatenco, CP 07360, Ciudad de México D.F., México. Apartado postal 14-740, 07000 México, D.F.

Cinvestav-Coapa (DF)

Calzada de los Tenorios No. 235, Colonia Granjas Coapa, CP 14330, Ciudad de México D.F., México.

Cinvestav-Zapopan (Jalisco)

Av. del Bosque No. 1145, Colonia El Bajío, Zapopan, 45019, Jalisco, México.

Cinvestav-Irapuato (Guanajuato)

Km. 9.6 Libramiento Norte, Carretera Irapuato-León, CP 36821, Irapuato Guanajuato, México.

Cinvestav-Mérida (Yucatán)

Km. 6 Antigua carretera a Progreso, Apartado Postal 73, Cordemex, CP 97310, Mérida, Yucatán, México.

Cinvestav-Apodaca (Nuevo León)

Vía del Conocimiento No. 201,Parque de Investigación e Innovación Tecnológica, km 9.5 de la Autopista Nueva al Aeropuerto, CP 66600, Apodaca, Nuevo León, México.

Cinvestav-Querétaro (Querétaro)

Libramiento Norponiente No. 2000, Fracc. Real de Juriquilla, CP 76230, Querétaro, Querétaro, México.

Cinvestav-Saltillo (Coahuila)

Avenida Industrial Metalúrgica No. 1062, Parque Industrial Saltillo-Ramos Arizpe. Ramos Arizpe, Coah. CP 25900.

Cinvestav-CD. Victoria (Tamaulipas)

Parque Científico y Tecnológico TECNOTAM,Km. 5.5, Carretera Cd. Victoria-Soto La Marina, CP 87130,Cd. Victoria, Tamaulipas, México.


 

La última batalla de la caoba

*Articulo tomado de la revista National Geografic (Abril 2013)

La tala ilegal ha diezmado a la caoba de Perú. Ahora los leñadores dirigen sus motosierras hacia especies menos conocidas cruciales para la salud de la selva.

Por Scott Wallace, abril de 2013

La caoba es la joya de la corona de la Amazonia; sus magníficos troncos son como columnas que se elevan hasta el denso dosel del bosque. Su intenso tono rojizo y su durabilidad la convierten en uno de los materiales de construcción y ebanistería más codiciados de la Tierra y en un símbolo de riqueza y poder. Un solo árbol puede reportar miles de euros en el mercado internacio­nal una vez que la madera, ya procesada, llega a las tiendas de Estados Unidos o Europa.

Después de 2001, año en que Brasil declaró una moratoria sobre la tala de caoba, Perú se ha consolidado como uno de los mayores proveedores mundiales. La fiebre del «oro rojo», como a veces se denomina a la caoba, ha dejado numerosas cuencas de drenaje de Perú (como la del Alto Tamaya, tierra natal de un grupo de indios ashéninka) despojadas de sus árboles más preciados. Los últimos reductos de caobas, al igual que los de cedros colorados, se encuentran ahora en su mayoría dentro de territorios indígenas, parques nacionales y reservas territoriales establecidas para proteger a las tribus aisladas.

Como resultado, los leñadores van en busca de otros árboles monumentales prácticamente desconocidos para nosotros (copaiba, ishpingo, shihuahuaco, capirona) (1) pero que están llegando a nuestros hogares en forma de muebles de dormitorio, armarios, parqués y tarimas de exterior. Se trata de variedades menos conocidas y también menos protegidas que las especies más caras y carismáticas, como la caoba, aunque muchas veces sean más importantes para el ecosistema forestal. Al extender la tala a esas otras especies, los leñadores incrementan cada vez más el nú­­mero de árboles cortados para compensar sus mermados ingresos, amenazando durante el proceso hábitats fundamentales. Los primates, las aves y los anfibios que viven en las zonas más altas del bosque están cada vez más amenazados. Las comunidades indígenas están angustiadas y divididas entre quienes prefieren la conservación y quienes buscan el dinero fácil. Y algunas de las tribus más aisladas del planeta se están viendo forzadas a abandonar sus territorios por culpa del rugido de las motosierras y del estruendo de los inmensos y multicentenarios leviatanes cuando caen abatidos al suelo. (2)

Se cree que tres cuartas partes de la cosecha anual de madera peruana es ilícita. A pesar de las medidas contra la tala de caobas, que se empezaron a aplicar hace cinco años, y del marcado descenso de la producción, gran parte de la madera que llega al mundo industrializado es según parece de origen ilegal. La mayoría de esas exportaciones ha ido a parar a Estados Unidos, aunque cada vez más se dirige a Asia.

A poca distancia del Alto Tamaya, en dirección sudeste, hay una extensión de 38.850 kilómetros cuadrados de áreas protegidas conocida como Complejo de Conservación del Purús, donde abundan árboles inmensos que brotaron del suelo selvático hace siglos. En esta zona nacen los ríos Purús y Yurúa, y algunas tribus habitan entre sus escarpadas colinas en un aislamiento absoluto. Se cree que ahí se encuentra hasta el 80 % de las caobas que quedan en Perú.

Los leñadores furtivos usan los asentamientos indígenas como puerta trasera para entrar en las áreas protegidas. Muchas comunidades han sido engañadas por hombres que les ofrecen dinero a cambio de ayuda para conseguir permisos de tala, que luego utilizan para «blanquear» la caoba talada ilegalmente en las reservas. A lo largo del río Huacapistea, un afluente del Yurúa que delimita la frontera noroccidental de la Reserva Territorial Murunahua, ese tipo de fraude ha dejado a media docena de comunidades ashéninka empobrecidas y frustradas. (3)

En plena época de lluvias me uno a Chris Fa­­gan, director ejecutivo de Upper Amazon Conservancy, una organización con sede en Estados Unidos, y Arsenio Calle, director del Parque Nacional del Alto Purús, en una expedición para remontar el río Huacapistea. Calle, de 47 años, tiene jurisdicción sobre gran parte del Complejo del Purús. «Arsenio ha logrado expulsar del parque a muchos leñadores –me explica Fagan–, pero sigue habiendo una gran demanda de caoba ilegal.» La organización de Fagan ha creado en Perú un grupo asociado llamado ProPurús para ayudar al servicio de parques y a las federa­ciones indígenas a proteger los bosques. Una de sus iniciativas es la organización de «comités de vigilancia» para patrullar las fronteras del parque nacional e impedir el paso a los intrusos. El director de campo de ProPurús, José Borgo Vásquez, de 60 años y veterano en la lucha por la conservación de la Amazonia peruana, también está a bordo de una de las canoas motorizadas.

«Los leñadores os están robando y se están saliendo con la suya –explica Borgo a un grupo ashéninka en nuestra primera parada, una aldea llamada Dulce Gloria–. ¿Por qué? Porque no es­­táis haciendo nada para detenerlos.» Borgo cree que los esfuerzos de conservación solo darán resultado si las comunidades locales toman parte activa en la defensa de sus tierras. Los dos mayores obstáculos, dice, son la pobreza y la falta de formación (4). Y el tercer obstáculo son las enormes distancias, que dan una gran ventaja a los taladores furtivos. La selva amazónica es tan extensa, y sus valles fluviales, tan remotos y de tan difícil acceso, que es imposible patrullar toda su extensión con eficacia. La ausencia de una autoridad sobre el terreno ha generado la sensación entre los leñadores de que la selva es suya.

Un informador local nos dice que un leñador llamado Rubén Campos está utilizando una vía ilegal río arriba para arrastrar troncos de caoba hacia una cuenca adyacente. (Nuestros intentos de dar con Campos y hablar con él fueron infructuosos.) Una maniobra así le permitiría llevarse cualquier troza conseguida de forma ilícita por el río Ucayali hasta los aserraderos de Pucallpa, la capital regional, sin que los ashéninka del Huacapistea se enteren de lo que se lleva.

Al día siguiente, bajo un buen chaparrón, los guías locales nos conducen hacia el interior de la selva en busca de esa operación ilícita. Pasamos junto a una caoba enorme con una X grabada en la corteza, aparentemente una marca para la tala. Anclado al suelo por sus extensas raíces, el inmenso tronco asciende vertiginosamente hacia el dosel, donde de sus ramas cuelgan abundantes orquídeas y bromelias. Un camino abierto en el bosque conduce al interior de la selva, empapada por la lluvia, y desaparece en un fondo difuso de vivas tonalidades verdes. Enseguida encontramos al culpable: un tractor forestal arrastrador John Deere con enormes ruedas aparcado en un cobertizo de chapa metálica. Seguimos adelante y pasamos junto a una docena de inmensos troncos de caoba y de cedro colorado listos para que el tractor se los lleve. Calle mide los diámetros: aproximadamente un metro y medio cada uno. Nos informa de que se trata de árboles varias veces centenarios.

Llegamos a un claro dominado por un de­­crépito cobertizo con techo de paja. Está custodiado por un vigilante solitario, un hombre escuálido llamado Emilio, a quien despertamos de la siesta. «Un hombre tiene que trabajar –nos dice a la defensiva–. Si no hay otro trabajo, ¿qué voy a hacer?» La pregunta incomoda a Calle. La operación maderera está claramente fuera de los límites de la legalidad; nadie tiene autorización para talar en esta selva. Pero el campamento en sí se halla fuera del alcance legal de Calle.

Debido a la lluvia torrencial, y ante la dificultad de seguir la vía de saca a través del riachuelo crecido en dirección a la reserva, decidimos volver. Calle avisará a las autoridades cuando regrese a Pucallpa, pero lo más seguro es que nadie tenga la energía ni la perseverancia para denunciar y perseguir a esos leñadores. Sin pruebas contundentes que procedan de la propia reserva, sería difícil llevar adelante el caso. Además, es probable que los leñadores tengan contactos entre quienes detentan el poder en Pucallpa. Muchos policías honestos se enfrentan con frecuencia a campañas difamatorias o incluso directamente al despido si se extralimitan en su celo. Es más, hace poco, el Gobierno de Lima ha transferido de nuevo la gestión forestal a los gobiernos regionales, donde a menudo los funcionarios son más susceptibles de corrupción. «Si no adoptamos una postura más activa, las áreas protegidas acabarán siendo un bosque fragmentado», advierte Calle, quien teme que los leñadores tengan ahora incluso más libertad para quebrantar las leyes. (5)

Los infractores no tendrán libertad alguna en territorio de Edwin Chota Valera, si él lo puede evitar. Chota, activista de 52 años, fibroso, pelo negro azabache y nariz aguileña, es el líder de la aldea ashéninka de Saweto, a unos 95 kilómetros en dirección noroeste del Complejo de Conservación del Purús. Desde 1998, año en que los ashéninka locales fundaron Saweto, han visto con impotencia cómo estación tras estación las cuadrillas de leñadores bajaban enormes troncos río abajo desde las cabeceras del Alto Tamaya y el Putaya hasta los aserraderos de Pucallpa.

Ante estas transgresiones, hace 10 años los aldeanos emprendieron una cruzada para que el gobierno regional de Pucallpa les otorgase el título de propiedad sobre sus tierras: más de 650 kilómetros cuadrados de selva, llena de ríos, que se extiende desde Saweto hasta la frontera brasileña. Su demanda ha estado paralizada durante años por la burocracia, mientras los furtivos saqueaban sus bosques (6). Parece ser que la petición finalmente se resolverá este año.

La oleada de tala ilegal incitó a los legisladores estadounidenses en 2007 a exigir toda una serie de reformas como condición para aprobar el tratado de libre comercio con Perú. Este tratado obligaba al país, entre otras cosas, a implementar un plan de acción para proteger la caoba según los requisitos de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Los funcionarios limeños manifiestan estar probando otras medidas, entre ellas un sistema de supervisión electrónica que ayudará a modernizar la industria maderera peruana. Los cambios se han ido produciendo lentamente y han supuesto un imperceptible alivio para las comunidades más remotas, como Saweto, víctimas de las mafias madereras que ya han saqueado su caoba a cambio de un pago mísero, que a veces ni siquiera han realizado.

Pero se ha inaugurado una nueva era para los ashéninka del Alto Tamaya. En una reunión que tuvo lugar dentro de la única aula de la escuela de Saweto, una mujer llamada Teresa López Campos instó a su gente a enfrentarse a los leñadores. «¿Dónde vamos a ir si acaban echándonos de aquí? –preguntó con vehemencia–. Vamos a morir aquí. No tenemos otro lugar adonde ir.»

Dos días después, unos diez hombres y mujeres ashéninka se han unido bajo la dirección de Chota para perseguir a los leñadores ilegales hasta el nacimiento del Alto Tamaya y exigir su partida. Llevamos desde el alba siguiendo los verdes meandros del Mashansho a través de la frondosa selva a lo largo de la frontera oriental con Brasil. Mis anfitriones ashéninka impulsan pacientemente las canoas con pértigas a través de los bajíos, seguros de que en algún lugar río arriba nos enfrentaremos a una banda encabezada por un hombre escurridizo a quien llaman El Gato. La expedición es arriesgada y probablemente provocará la ira no solo de los leñadores sino también de sus cabecillas en Pucallpa.

Los hombres de Saweto no estaban cuando El Gato pasó en una barca motora por delante de su aldea hace una semana. Ignorando los gritos de las mujeres que desde el dique le exigían mantenerse alejado de sus bosques, El Gato siguió río arriba con tres barcos cargados con suficiente comida y carburante para mantener durante todo el verano a su siniestra tripulación talando árboles por esas zonas remotas.

«Hasta que no tengamos la titularidad de la tierra, los leñadores no respetarán nuestra propiedad –dice Chota, mientras impulsa la canoa con una pértiga de tres metros–. Nos amenazan. Nos intimidan. Y van armados.» Chota ha recibido amenazas de muerte y repetidas veces ha tenido que buscar refugio entre sus parientes tribales de Brasil, que viven a dos días a pie de donde estamos siguiendo antiguos senderos. (7)

«Poseer el título de propiedad es un ingrediente clave en la lucha contra la tala ilegal», coincide David Salisbury, un geógrafo de la Universidad de Richmond que está sentado a mi lado. El rubio y larguirucho Salisbury asesora a esta aldea desde 2004, cuando se enteró de su problema mientras realizaba la tesis doctoral. «Las comunidades indígenas son las más interesadas en estos lugares –dice–. Son ellas quienes deben tomar las decisiones sobre cómo hacer un uso sostenible de sus tierras y recursos.»

La industria maderera peruana dentro de un marco de concesiones y permisos diseñado para permitir que una comunidad, empresa o individuo exploten un volumen sostenible de madera en una zona determinada. También se expiden permisos de transporte, para así seguir de cerca el recorrido de un cargamento desde el bosque hasta el punto de exportación o de venta finales, pasando por el aserradero. Pero el tráfico de permisos está a la orden del día en el mercado negro, y eso hace posible que los leñadores extraigan madera de un sitio y declaren que viene de otro.

La zona del Alto Tamaya es un buen ejemplo. El puesto de inspección gubernamental más cercano está a varios días río abajo de Saweto, explica Chota. Por lo que cuando El Gato vaya a sacar las trozas de aquí durante la próxima temporada de lluvias, podrá alegar que cualquier pieza talada de forma ilegal en el territorio ashéninka fue extraída de alguna concesión cercana legítima. «Bienvenido a la tierra sin ley –dice Chota, señalando la selva que nos rodea–. Desde ese puesto de inspección hasta aquí, no hay ley. La única ley es la de las armas.»

A medida que remontamos el Mashansho, se hace evidente que los forasteros no son los únicos que saquean la selva. Desembarcamos en una playa en la que nos llega el agudo chirrido de un motor procedente del interior del bosque. Unos minutos después nos topamos con cinco hombres jóvenes, descalzos y descamisados, a punto de derribar una enorme copaiba. Todos son ashéninka y parientes de «Gaitán» (no es su verdadero nombre), el miembro de más edad de nuestra expedición. En medio de una lluvia de serrín, el hijo de Gaitán sigue cortando el tronco. De repente se oye un fuerte crujido. Todos corren a ponerse a salvo, y la sierra sigue rugiendo mientras el inmenso árbol empieza a caer y aterriza con un impactante ruido sordo.

El aire se impregna de la savia perfumada del tocón recién formado. El aceite de este árbol es famoso por sus propiedades curativas, y de ha­­berse dejado en pie, este mismo ejemplar podría generar con el tiempo mucho más dinero por su aceite medicinal que el que rendirá en esta operación (la familia de Gaitán recibirá probablemente menos de 100 euros por la madera). Pero, sabiendo que la banda de El Gato anda por la selva, estos hombres han preferido ser ellos quienes aprovechen el árbol. Estas son las distorsiones que se generan en ausencia de una ley reguladora; en medio del caos selvático, quien encuentra el árbol se lo queda.

Chota mueve la cabeza indignado al ver el tocón de copaiba. «Todo el que tale aquí, lo está haciendo de forma ilegal, punto –afirma–. A nadie se le ha dado el permiso reglamentario.» Chota lleva tiempo intentando convencer a los ashéninka de que se abstengan de este tipo de prácticas, pero tiene que actuar con diplomacia si no quiere arriesgarse a dividir aún más a su gente. Las comunidades indígenas pueden subsistir de la caza, la pesca y las cosechas si sus bosques permanecen intactos. Pero también ne­­cesitan ropa, jabón y medicinas, y para muchos, la tala (o las propinas de los leñadores) es la única manera de conseguir esos productos.

Empieza a caer el sol y decidimos atajar a pie. El camino nos llevará más arriba de donde se encuentra El Gato. Mientras los últimos rayos se desvanecen, buscamos un lugar donde acampar.

Dado que los permisos se usan comúnmente para «legalizar» madera talada en tierras adyacentes, el sistema de concesiones peruano ha recibido amplias críticas por facilitar la tala furtiva. Pero los ingenieros forestales y recolectores de una empresa llamada Consorcio Forestal Amazónico (CFA) dicen que están intentando hacer las cosas bien. El CFA maneja una inmensa concesión en los densos bosques a ambos lados del río Ucayali, en el corazón de la Amazonia peruana. La empresa es un modelo de cómo se debe trabajar: sus operarios, vestidos con chalecos fluorescentes, son guiados a los árboles seleccionados mediante mapas y bases de datos informatizados. Las 184.130 hectáreas de bosque primario han sido divididas en una red de 30 parcelas, cada una de las cuales corresponde a la cosecha de un año, dentro de un plan de rotaciones de 30 años.

En una de las bases dentro de la concesión, los supervisores planifican con las brigadas el trabajo del día. Los «delineantes de parcelas» se inclinan sobre las mesas de dibujo para actualizar los mapas que cada equipo llevará consigo. Todos los árboles cosechables llevan un número de identificación y un código de color según la especie. Cada equipo de tala, formado por dos hombres, cortará aproximadamente diez árboles antes de que termine la jornada, avanzando en una línea que se corresponde con una franja del mapa. Los árboles maduros, productores de semillas, se dejarán en pie para que el bosque pueda regenerarse.

«Procuramos dejar el bosque lo más intacto posible –dice Geoffrey Venegas, un ingeniero forestal costarricense que supervisa la tala–. Estamos años luz por delante de lo que he visto en otros lugares.» (8)

Bajamos de la camioneta en uno de los puntos de recogida, que está lleno de montones de trozas recién taladas, de aproximadamente un metro de diámetro, de árboles poco conocidos: chamisa, yacushapana y el aromático alcanfor moena. Apenas hay caobas en la concesión del CFA. Según Venegas, el futuro de la madera noble tropical está en estos árboles menos glamurosos. «Hemos identificado 20 especies diferentes con potencial comercial –explica–. Este año estamos talando 12 de ellas.»

Los ejecutivos del CFA manifiestan que el aprovechamiento de múltiples especies hace aumentar el valor del bosque, lo cual significa un mayor incentivo para cuidar de él, incluso cuando ya no hay caobas ni cedros colorados.

Pero, ¿qué aspecto tendrá esta selva dentro de 30 años, cuando los caminos abiertos se extiendan por todos los rincones de la concesión, y cuando hombres y máquinas vuelvan para co­­menzar de nuevo el ciclo? ¿Se habrá podido regenerar el bosque? El CFA cuenta con ello. «Si somos capaces de hacerlo, toda la industria ma­­derera peruana se beneficiará –explica el director de ventas Rick Kellso–. Se pueden conseguir muchos beneficios haciendo las cosas bien. No es necesario proceder de forma ilegal.»

De nuevo en la cuenca ALTA del Mashansho, bajo un cielo cuajado de estrellas, Edwin Chota Valera y David Salisbury reúnen a los ashéninka alrededor de una hoguera para planear el enfrentamiento del día siguiente con El Gato. «Pedirá ver vuestro título de propiedad –les dice Salisbury, en referencia a ese documento que aún no tienen–. Pero recordad que él tampoco tiene papeles. Está aquí talando de forma ilegal. No tiene justificación alguna para estar aquí.»

Con la primera luz de alba llegamos al campamento maderero y rodeamos las chozas antes de que alguien tenga tiempo de ir a por un rifle. Un hombre rubio con camiseta amarilla se pone de pie. Sus ojos verdes delatan desconcierto.

«¿Es usted el hombre que llaman El Gato?», le pregunta Chota.

«Sí», responde con cautela. Sin protestar, acepta marcharse, pero ruega a los ashéninka que le den permiso para llevarse los árboles que ya ha talado río arriba. «Somos simples trabajadores que intentamos ganarnos el pan.» Hay un atisbo de derrota en su voz. Dice que está endeudado con un tal Gutiérrez, quien adelantó 50.000 dólares en efectivo para esta expedición. «El tipo me perseguirá hasta el día en que me muera», dice.

Chota permanece indiferente. «Las cosas te podrían ir muy mal si te quedas aquí arriba», lo amenaza. El Gobierno de Lima, prosigue, ha prometido a las comunidades indígenas mayor protagonismo en los asuntos que les conciernen. «Las cosas empiezan a ir a nuestro favor.»

A los pocos días de nuestro encuentro con El Gato, unos vándalos se infiltran de noche en Saweto y sabotean tres de los motores fuera borda que se usaron en la expedición de Chota. Los ashéninka saben quién es el responsable. Pero la persecución de ese delito es otra historia.

Notas:

1) La mayoría de ocasiones los taladores son guiados por los mismos aborígenes, quienes conocen muy bien la selva y las maderas de ella. Este caso no es raro ni nuevo, por ejemplo, después de la llegada de los españoles y durante la guerra por los territorios, muchos naturales dieron información valiosa tanto para el derrocamiento de la civilización de Tenochtitlán (por parte de algunos tlaxcaltecas), como para el aplastamiento de los levantamientos de tribus nómadas (por parte de algunos otomíes, pames y caxcanes). En este caso, algunos kampas han sido los mismos que ayudan a los madereros a la devastación del Amazonas como se podrá leer más adelante.

2) El 17 de Agosto de 2013, se difundieron algunas imágenes y videos de un grupo de cazadores-recolectores-nómadas, desplazándose por la selva amazónica, prueba física y contundente de que un modo de vida en la naturaleza aún es posible:

Detectada una nueva tribu aislada en la Amazonia brasileña

Ellos son nómadas, cazadores, viven aislados en el medio de la Amazonía brasileña y gritan «enemigo» en dialecto Tupi-Kawahiva, cuando sienten la presencia de hombres que los observan y los filman, como puede verse en las imágenes exhibidas esta semana en la televisión brasileña. Los indios Kawahiva, una de las últimas tribus amazónicas que viven aisladas del contacto del «hombre blanco», fueron filmados por primera vez por especialistas de la Fundación del Indio (Funai), que los siguen de cerca.

«No estábamos allí para encontrarlos. Estábamos para verificar las invasiones en los límites del área», dijo a TV Globo, Jair Candor, indigenista de Funai, que los filmó por primera vez, después de dedicar más de dos décadas a su estudio. Hasta este contacto, los indigenistas de la Funai sabían de la existencia de la tribu Kawahiva, pero nunca los habían filmado, sólo habían encontrado campamentos provisionales.

Las imágenes de la Funai muestran un grupo de nueve indios desnudos y armados con lanzas y flechas. Entre ellos, una mujer embarazada y otra que carga dos niños pequeños, uno al frente y otro en la espalda. Ellos se asustan con la presencia de otros hombres y huyen rápidamente en medio de la selva.

Los Kawahiva usan objetos hechos con materia prima encontrada en la selva, hojas de palmera troncos y lianas, con las que fabrican canastas, hamacas y cabañas provisionales. Los cuchillos de corte usan la uña de animales salvajes. Por ser cazadores, los Kawahiva se mudan cada vez que acaba la caza.

El territorio donde vive esta tribu está en un área que corresponde a casi cinco veces la superficie de Madrid y está protegida para preservar la región del avance de las haciendas de ganaderos, madereros y de los mineros ilegales, conocidos como garimpeiros. El área queda cerca al municipio de Colniza, en la frontera entre los estados de Mato Grosso y Amazonas, y cerca de una carretera, que fue construida para transportar la producción agrícola de la región, lo que complica aún más el trabajo de preservación y protección de la tribu.

La Funai sólo se acerca a una tribu aislada cuando corre riesgo de exterminio y en 2005, la tierra de los Kawahiva estaba siendo vendida ilegalmente. Los estudiosos de la entidad calculan que la tribu está formada por 32 indios. Brasil es el país con mayor número de pueblos que aún viven aislados en la selva, más de 30, y la Funai los protege para evitar que con el contacto de otros humanos pierdan inmunidad y resistencia. «Cuando hay un contagio, un brote epidémico, es fulminante», explica Carlos Travassos, coordinador general de tribus aisladas de la Funai, que ya pidió al Gobierno que declare el territorio como área indígena y contener el avance de hacendados que quieren las tierras.

3) “Empobrecimiento” es una palabra muy occidental. Podemos asegurar que antes de la llegada de los invasores europeos, los grupos nómadas y cazadores, no eran ni pobres ni ricos, sino que tenían lo suficiente para sobrevivir. El cambio de cultura, de hábitos, la imposición del modus vivendi, etc., ha orillado a las etnias salvajes al “empobrecimiento y la frustración”.

4) Ante la situación tan desesperante de estos grupos, algunos de ellos han decidido pelear de una forma legal en juzgados y oficinas, aunque sabemos que la burocracia siempre es traicionera…

5) Esta situación es tan crítica que en muchas ocasiones, los grupos tribales, (tanto nómadas como sedentarios), se han opuesto violentamente a los taladores e industrias maderera y petrolera. Un ejemplo de esto, han sido los conflictos en lo que han estado envueltos los salvajes tagaeri:

Los tagaeri vuelven a atacar

2 de mayo 2001

Los Tagaerise mantienen siempre alejados de la civilización y de otras comunidades. El grupo amazónico de los Tagaeri ha vuelto a atacar. No lo hacía desde hace 14 años. Esta vez, su blanco han sido miembros de la nacionalidad kichwa, “desesperados ante la penetración imparable de colonos, petroleras e indígenas de otras etnias en su territorio”. Así lo informa un despacho del Servicio Informativo Iberoamericano, suscrito por el periodista Kintto Lucas. Conforman uno de los pocos pueblos amazónicos que no mantiene contacto con la cultura occidental ni con otros indígenas. “Para algunos, son solo fantasmas que caminan por la selva amazónica huyendo del contacto con otras civilizaciones, en una guerra permanente con quienes se cruzan por su camino. Para otros, constituyen el último pueblo de la Amazonía que se mantiene mimetizado en la selva, y en su lucha por seguir viviendo, atacan cuando se ven amenazados. Son los tagaeri, conocidos como aucas o patas coloradas, y conforman uno de los pocos pueblos amazónicos que no mantiene contacto con la cultura occidental ni con otros indígenas. Sus miembros, estimados entre 80 y 150, mantienen un modo de vida nómada internados en la selva, y viven de la caza y de la pesca”, comenta el reportaje de Kintto Lucas y agrega que “desde hace algunos meses, el territorio donde se mueven es ocupado por empresas petroleras, que los han empujado hacia territorio de la nacionalidad indígena kichwa. En noviembre del año pasado, dos ancianos kichwas que cosechaban una chacra y recogían huevos de tortuga, fueron sorprendidos por un grupo de tagaeris que los mataron a lanzazos. Luego los clavaron con 14 lanzas a la tierra que los vio nacer, cumpliendo así el ritual de la muerte, reconocido en este pueblo amazónico que vive en guerra permanente por mantener su espacio de tierra, cuando mata a un enemigo. Según el Servicio Informativo Iberoamericano, en los últimos meses muchos kichwas que habitan la zona donde se mueven los tagaeri están abandonando su hogar por temor a un ataque. “En Curaray, una localidad de la provincia de Pastaza a la que sólo se accede navegando en canoa o en avioneta, la mayoría de los 300 kichwas que vivían ahí decidieron trasladarse a Shell, un pueblo cercano a Puyo, la capital provincial, y abandonar sus viviendas en medio de la selva.

El primer aparecimiento fugaz de los tagaeri se remonta al 20 de enero de 1956, en el río Curaray, cuando fueron asesinados cinco estadounidenses.

En 1971, en el río Tiputini murió lanceado un cocinero de la compañía Western. En 1977, en el río Tivacuno fueron lanceados tres trabajadores de una petrolera. El 21 de julio de 1987, cerca del río Tigüino fueron asesinados monseñor Alejandro Labaca y la hermana Inés Arango. En 1993 en el río Cuchiyacu, fue lanceado el huaorani Carlos Omene.

Huyen del ruido, del acoso…Los pobladores de Curaray están asustados, porque saben que los tagaerino se han marchado. Según el dirigente Luis Awa, entrevistado por el periodista Kintto Lucas, los tagaeri se habrían aliado con los taromenane, otro grupo que vive en condiciones semejantes entre Ecuador y Perú. “A través de alianzas selladas con matrimonios, este grupo está ahora siendo empujado cada vez más hacia el sur”, aseguró.

“Las organizaciones indígenas de la zona se muestran impotentes para resolver este problema, porque los tagaeris siguen resistiéndose a cualquier contacto con otros pueblos. Armando Vargas, otro de los habitantes de la comunidad atacada, aseguró que desde hace 35 años los tagaeri no atacaban a las comunidades kichwa aunque se mantuvieran en un área relativamente cercana. Esto hace pensar que están desesperados ante la penetración imparable de las petroleras a su territorio. Giovanna Tassi, directora de la Agencia de Prensa ambientalista Tierra en Puyo y entrevistada por Lucas, considera que el ataque tagaeri es un llamado de atención a la actividad petrolera que se desarrolla en la Amazonia ecuatoriana y podría provocar un fuerte deterioro ambiental.

6) Aunque yo no creo, ni me confío de las leyes de ningún estado, y solo respeto y reconozco las leyes naturales como las que lo rigen todo, estos grupos han emprendido luchas legales como herramienta para hacer que su modo de vida, (con todas y sus complicaciones) siga existiendo. El sistema tecnoindustrial ha empujado a que estas personas a que se sumerjan en tratos y burocracia, para de alguna forma, poder salvar lo que les queda de su cultura y sus creencias.

Viendo esto desde un punto de vista territorial-local, los antiguos que aceptaron la invasión como algo inevitable y que antes de resistir violentamente, prefirieron encontrar la manera de hacer que algunas tradiciones prevalecieran, aceptaron humillaciones, asumieron la realidad, y como una enseñanza a las generaciones venideras, adoptaron tradiciones de los invasores a las de sus pueblos.

Así, las ceremonias paganas dedicadas a las deidades de la muerte o de la guerra, fueron adaptadas a las festividades europeas. Y fue así, como ahora podemos saber tanto desde el punto de vista académico, como desde la visión ancestral y oral algunas enseñanzas de nuestros abuelos.

7) Grupos modernos de descendientes nativos, han emprendido una guerra contra este tipo de industrias, ejemplo claro con los mapuches en Chile, los tagaeri en el Ecuador, los kawahiva en Brasil, los purépechas en México, los sentinelences en la isla Sentinel del Norte, etc. Aquellos han resistido con violencia a estos tratos, cuando los acuerdos no son respetados ya no queda otra opción que una lucha a muerte contra el enemigo.

8) ¡La hipocresía y el cinismo en su máximo esplendor!

Todas las empresas madereras que saquean cualquier latitud natural, tienen que fingir mustiamente que son “responsables” con el medio ambiente, tienen que llenarse la boca de las mentiras más viles para seguir destruyendo la tierra. No hay “explotación racional”, no existe “explotación responsable” en este tipo de gigantescas industrias, o la explotación es nociva o no lo es.